Alexander Pabst, vicepresidente del área Comunicaciones inalámbricas de Rohde & Schwarz
La revolución de las RAN con IA
Los fundamentos para un futuro sostenible e inteligente de 6G
El pasado año fue decisivo en la definición de la visión de 6G. Si analizamos el progreso de 2025, 3GPP se centró en un conjunto de prioridades esenciales: aumento de la rentabilidad, eficiencia de la red, sostenibilidad y simplificación. Estos aspectos no son simples aspiraciones, sino que se consideran como principios rectores para el desarrollo de una red de última generación que ofrecerá nuevos e interesantes servicios, como conectividad universal a través de redes no terrestres (NTN), experiencias inmersivas de realidad extendida (XR), aplicaciones avanzadas de detección y la integración generalizada de la inteligencia artificial.
El núcleo de esta transformación reside en el concepto de RAN con IA, una relación simbiótica entre la inteligencia artificial y las redes de acceso radioeléctrico. Este concepto no se reduce simplemente al uso de la IA en las RAN; se trata de un ciclo capaz de potenciar y desarrollar avances tecnológicos y un caso de negocio convincente. De ello han emergido tres aspectos clave: IA en la RAN, que ofrece nuevos servicios de IA y computación; IA para la RAN, para mejorar el rendimiento, la eficiencia y el funcionamiento; e IA y RAN convergentes, una infraestructura compartida que facilita tanto funciones de la red como servicios de IA de terceros.
Este ciclo resulta extraordinariamente poderoso. La incorporación de servicios de IA en la infraestructura perimetral hace posibles aplicaciones de baja latencia y de cómputo intensivo para generar datos de usuario de un valor incalculable. La integración de funciones de RAN y de IA de terceros en los mismos servidores permite aprovechar al máximo los recursos y aporta datos telemétricos detallados. Estos datos impulsan a su vez el entrenamiento y despliegue de modelos de IA para optimizar la sincronización, reducir la latencia, aumentar la fiabilidad y reducir el consumo energético al mínimo. Todo ello reduce las barreras y los costes de las aplicaciones de IA, y justifica toda inversión en computación perimetral o «edge computing» y en el control inteligente de las RAN.
